viernes, 4 de abril de 2014
8:36 volver a casa y meterse en cama después de desayunar un trozo de pizza de la cena. La noche empieza a darme vueltas, las canciones, las caras de la gente, las sonrisas, las frases y el alcohol. Creo que el quinto chupito fue el punto de no retorno, sonrisa al camarero: dos de lo que tu quieras. Mezcla las primeras dos botellas que encuentra mientras esboza una sonrisa como la de los depredadores antes de comer a sus presas y dice: os va a encantar. La mezcla solo sería equiparable a aquel que sale con pantalones de rayas y camisa de cuadros. La noche sigue, la ciudad nos espera, se presta a nuestra diversión y se alegra de que compartamos las noches. El segundo tiburón se acerca y tras lanzar miradas suelta: ¿te han dicho alguna vez que eres preciosa? La próxima canción va dedicada a ti, guapa. Y en cuanto empiezan los primeros compases comprendes que será el piropo más grande que te espera en la noche, mientras el se va a buscar otra más alta, o más fácil. Pero da igual, esta noche es para disfrutar y he hecho cientos de amigos, no amigos para siempre, si no amigos de una noche. Muchos los olvidare mañana para poder sobrevivir a la resaca y de otros ya no recuerdo el nombre. Posiblemente a la mayoría no los volveré a ver, pero hemos compartido una noche juntos, reímos juntos, lloramos juntos, bailamos juntos... De hecho hemos compartido secretos y confesiones más abiertamente que si fuesen conocidos, sin miedo a que nos juzgasen. Pero cada día amanece más pronto y las amistades de una noche terminan antes.
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